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Ultima moda: llegar al trabajo trepando edificios y sorteando obstáculos
 
Es una nueva filosofía de vida que une mente y cuerpo. Se llama Parkour y fue creada por el hijo de un bombero francés. Quienes lo practican van por la calle esquivando personas, escalando paredes y haciendo piruetas. En la Argentina, el movimiento crece y es un éxito

Van por la ciudad descolgándose de paredes, saltando los bancos de las plazas, dando vueltas sobre si mismos, trepando edificios por las alturas o esquivando monumentos. Muchos transeúntes los confunden con artistas callejeros o, en el peor de los casos, ladrones. Pero nada más lejos.

Estos émulos del hombre araña, son en realidad profesionales del Parkour (en francés, recorrido), que entrenan el cuerpo y la mente para enfrentar y resolver obstáculos reales e imaginarios, como los que aparecen en la vida cotidiana.

El Parkour es el arte del desplazamiento y propone superar todos los obstáculos urbanos que se presenten en el camino de la manera más fluida, rápida y técnica posible. Algunos lo definen como un deporte extremo, pero los
traucers o “trazadores”, como se llama a quienes lo practican, afirman que es una filosofía de vida que encierra la clave de la superación.

Walter David Bongard, uno de los fundadores de la agrupación Parkour Argentina, precesó a Infobae.com que el arte del Parkour “esta desde siempre dentro de cada ser humano".

Es una suerte de saber interior que aún no fue descubierto pero permanece en todos, hasta en los más pequeños.

Convengamos que no es una actividad física del todo convencional. Además de un buen entrenamiento, el arte del Parkour conlleva una ideología que es la del desafío a los obstáculos, como el miedo.

“Hay una filosofía de fondo que es muy comparable a lo que se hace físicamente. Cambia la manera en la forma en que vez las cosas, no sólo se limita a la actividad. Es más amplio que eso. Son los obstáculos de tu vida, no es esquivarlos, sino lidiar con ellos”, explica Julián del Campo, uno de los pioneros del Parkour en la ciudad de Rosario.

En los niveles más avanzados, los traucers pasean por las alturas saltando entre las construcciones urbanas a grandes distancias del suelo. Por eso es necesario alcanzar el conocimiento de uno mismo e ir avanzando despacio.

“Hay que ser muy responsable y no hacer estupideces. Es necesario saber rodar, caer…hay que empezar desde abajo, con humildad. Se requiere mucha práctica. El Parkour te lleva a ir descubriendo como mover tu cuerpo”, advierte Julián.

Inspiración

El sistema fue creado a fines de los ´80 por David Belle, quien comenzó a desarrollarlo en los suburbios de Paris inspirado en las destrezas que realizaba su padre como bombero voluntario.

Desde entonces, en ciudades de todo el mundo comenzaron a aparecer los grupos de Parkour, ganando adeptos de todas las edades. Bongard, por ejemplo, es instructor de un grupo integrado por unos 20 troucers. “Cada semana se incorporan nuevos integrantes”, afirma entusiasmado.

En estos momentos, la agrupación está organizando el JAM Buenos Aires 2006, que se realizará en abril y están invitados todos los grupos del país.

“En el encuentro vamos a hacer un recorrido. Comenzaremos con la zona de Costa Salguero, Aeroparque, Puerto Madero y ATC”, explicó Walter.

Las reglas

Parkour es sinónimo de libertad pero los “traucers” tienen muy en claro sus límites. A la hora de salir a practicar, no se pueden meter en ninguna propiedad privada, a menos que tengan un permiso escrito de los propietarios. “No rompemos la ley”, aseguró Del Campo.

También tienen un reglamento básico. Primero: antes de saltar cualquier obstáculo fijate que hay del otro lado. Segundo: chequear que el obstáculo no se mueva. Tercero: el Parkour lastima. Antes de practicarlo, tenés que saberlo.

Otro de los fundamentos es “siempre avanzar, no detenerse nunca”. De eso se trata y lo mismo que aplican a la hora de practicar esta novedosa disciplina, lo llevan a la vida real: “Si tenés un obstáculo hay que seguir siempre hacia delante”, afirmó Bongard.

Un antes y un después

Tanto Bongard como Del Campo conocieron Parkour a través de Internet y quedaron fascinados. Así comenzaron a investigar acerca de la nueva disciplina y se conectaron con “traucers” de distintas partes del mundo.

“Tengo un montón de proyectos que se me están dando y en otro momento ni los hubiera contemplado por su dificultad. Ahora lo logré”, afrimó Bongard, quien además es estudiante de Publicidad.

A pesar de las obligaciones, todos están dispuestos a perder horas de sueño con tal de salir unas horas a “parkourear”. La noche suele ser el mejor momento ya que es el único horario en el que todos coinciden, además de que no hay tanta gente en la calle y facilita la destreza.

En su caso, Walter, de 30 años, cuenta que se quedan casi todos los días hasta las cinco de la mañana practicando y haciendo nuevas proezas. Cansado y con algunas horas de sueño, se va directo a trabajar.

La dedicación es plena, agotadora y hasta riesgosa pero por los resultados, dicen, vale la pena practicarlo.

 

http://www.infobae.com 4/04/06

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